Los belemitas y sus moteles

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17 septiembre, 2015 por El Periódico de Belén

Por Warren Ulloa Arguello

Belén es un pueblo al que le gusta ir a misa. Hay muchas iglesias de diferentes denominaciones a lo largo y ancho de la parroquia. A como hay iglesias, también hay moteles ¿No lo sabía? ¿O se hace el que no lo sabe? Pues bueno, al belemita le gusta rezar y coger.

Recuerdo hace unos años, cuando un grupo de vecinos pasó pidiendo firmas para evitar que un motel se instalara en la parroquia, estoy hablando de hace muchos años. El argumento que esgrimía ese parroquiano, era que el motel sería un lugar de perdición y un mal ejemplo para los niños y jóvenes. Un pensamiento medieval que aún campea en el imaginario moral de muchos conciudadanos.

Por suerte, como diría Bob Dylan: “The Times Are Changin’”. El primero en instalarse en el cantón fue el famoso El Dorado, que he visitado un par de veces solo para salir del apuro. No deja de ser un motel más del montón, pero a más no haber, era mejor ir ahí que hacerlo en algún potrero de la comunidad, con el peligro que la policía municipal, siempre vigilante, echara a perder el polvito. Tengo entendido que los precios han aumentado y que Sinfonola sigue de fondo, mientras uno está hundido entre unos muslos.

A pesar de la reticente doble moral de los belemitas, se ha instalado otro gran motel, que muchos dicen que es mejor que el antiguo El Edén o Ruta 32 en la actualidad. A ese solo he ido en una oportunidad y la verdad es muy bueno: buenas camas, los baños limpios, con vidrios en el techo y con precios accesibles a los parroquianos que quieran ir a volar un rato, dos tarifas para dos suites diferentes. Si en El Dorado era “La hora de los novios” sonando de fondo, en este es más intensa la experiencia, porque se oyen los gemidos -por dicha de placer y no por alguna agresión intrafamiliar (aunque uno nunca sabe)- de la tipa del cuarto contiguo.

Pero el preferido, el último de los moteles conocidos en la parroquia, sin duda, es Los sueños, cerca de la Casona del Pollo, ahí “marcamos” los domingos mi pareja y yo. Es cómodo, más íntimo y muy accesible: hasta a pie se puede salir o entrar. Tenga cuidado cuando llame a un taxi, de acuerdo con la ARESEP, no pueden cobrar la raya motel: se cobra lo que marca la maría, si alguno sale necio, se reporta la frecuencia a la base y al CTP.

Es bueno que Belén y sus habitantes dejen la doble moral, que se atrevan a disfrutar de los placeres del sexo. No tengo problema con que las personas vayan a misa, al igual que quienes se dan con una piedra moral por el pecho, y más tarde vayan a volar a los moteles.

La escritora y amiga Anacristina Rossi me decía que ella prefería que sus hijas tuvieran sexo en sus cuartos, porque uno nunca sabe las normas de higiene de un motel. Si algún día tengo un hijo, seguiré el consejo de la destacada escritora. ¡Vuelen parejo en casa, más cómodos, más en paz! ¡Disfruten sus polvos belemitas!

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Un pensamiento en “Los belemitas y sus moteles

  1. […] llegado a nuestros oídos la disconformidad de algunas personas por un artículo de opinión que apareció en nuestra edición pasada sobre el tema de los moteles. Al parecer, se esperaba que […]

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