Julio Sáenz, una vida arreglando bicicletas para ayudar al prójimo

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15 julio, 2016 por El Periódico de Belén

1 (1).jpgDon Julio en el taller de su casa, lo acompañan sus hijas María y Emilia, y su nieta  Jackeline, al centro.

  • Belemita cultivó con esmero su fama de mecánico

 

Redacción El Guacho.

 

Por sus manos han pasado cientos de miles de parches, de neumáticos, de cables de frenos, de llantas, manivelas, aros y  cuanto accesorio exista para bicicleta.

El corredor de su casa se convirtió en un taller que vió  pasar a miles de niños, jóvenes y adultos que llegaban con sus bicis al hombro,  quizás para que les pusiera un parche o para que le inflara las llantas.

Los precios de las reparaciones quedaron atrapados en el tiempo, tal vez ‎₡150,  quizás ‎₡50 o cuando mucho ‎₡500,  por alguno que  otro arreglo.

Y es que como no  recordar a don Julio Sáenz Ledezma, aquel amable señor que con sobrada paciencia y manos hábiles,  se llenó de fama y se convirtió en el mecánico de bicicletas de nuestra comunidad y de más allá.

Don Julio nació el 30 de diciembre de 1930, actualmente tiene 85 años de edad, de profundas raíces belemitas, vino a este mundo en la casa de “Mancho” Chávez, porque en aquellos tiempos los hijos nacían en las casas.

El 20 de mayo de 1967 se casó con María Cristina Fernández Mora, actualmente acumulan 49 años años de unión, son 5 los frutos de este matrimonio; Víctor, Ana Rita, Emilia, Kattia y  Maria de los Ángeles, a esto se les debe sumar 15 nietos y 5 bisnietos.  

Los primeros años de casados los  vivieron 500 metros norte del Cementerio, en la finca conocido como  de “Los Viquez”  y desde 1989 viven en el  Residencial Belén, su actual casa, aquí es donde centenares de  ciclistas  pasaron solicitando los servicios del mecánico. 

Con el arreglo de bicis don Julio  le dio de comer a su familia, antes de eso  laboró cogiendo café y durante 8 años fue guarda en Pipasa,  de este trabajo heredó una modesta pensión.

Aseguró que todo empezó porque en aquellos años, entre 1950 y 1960,   en casa de sus padres, José Sáenz Herrera y Raquel Ledezma Chávez, tenían bicis que sus hermanos usaban  pero no había alguien que pudiera arreglarlas cuando presentaban un desperfecto.

“Entonces dije una vez;  voy a ver como hago yo, así empecé de a poco hasta que ya las arreglaba yo”, recordó con voz pausada.

Lo que no sabía don Julio es que eso sería el comienzo de toda una vida rodeado de partes de bicicletas, cuya fama de mecánico cultivó con amor y que echó raíces no sólo entre los belemitas,  ya que a su casa llegaría gente de todo el país, hasta de Puntarenas, para que les arreglara las bicis.

“Venían de todos lados, de San Ramón, de Alajuela, hasta venía un equipo, la cuarteta de El Globo, que participaban en la Vuelta Ciclística en los  años de 1970, ellos llegaban a arreglar las bicis donde Julio”, rememoró la esposa  de Julio, doña Cristina.

Don Julio comentó que cuando inició eran pocos los que se dedicaban a estas labores,  y debido a esto sus servicios alcanzaron gran fama. Conforme avanzaban las décadas aparecieron los talleres especializados, los llamados ciclos, que se convirtieron en competencia para este belemita.

 

Para ayudar   

‎₡150 por un parche, ‎₡50 por inflar una llanta, ‎₡1 500 por engrasar, estos son algunas de sus tarifas, las cuales estaban vigentes hace tan solo unos pocos meses. y es que para don Julio, esta labor nunca se trató de acumular riqueza,  al contrario, confesó que su trabajo lo hacía, “por ayudar”, así lo confesó a El Guacho.

“Hasta mis yernos me propusieron que Julio se concentrara en arreglar las bicis y que yo me dedicara a cobrar para ganar un poco más,  cosa que nunca hice”, agregó su esposa, Cristina.

Cobrar tan barato fue motivo de  reclamos por parte de algunos allegados que en una ocasión le  recriminaron a don Julio por esos precios y que por esa razón, “nunca hizo plata”.

La sensibilidad por ayudar al prójimo es un secreto bien guardado en este hogar,  sus hijas confesaron que su papá es un diligente colaborador de varias causas y organizaciones, como las Obras de San Martín, la Iglesia de la Dolorosa y la Asociación  Obras del Espíritu Santo, la organización comandada por el Padre Sergio.

La aspiración de este belemita es que la comunidad le recuerde como alguien que quiso, “ayudarlos en lo que podía”.

La entrega desinteresada  al prójimo, la honestidad, el amor al trabajo, la integridad,  son solo algunos de los valores que don Julio  heredó a su descendencia.

 

Retirado

Hoy mucha gente aun toca la puerta de don Julo para que le arregle la bici, pero este belemita ya se retiró del oficio que tanta ama.  

Entre diciembre y enero armó sus dos últimas bicicletas, una para su hija y otra para una nieta.   

A inicios de este año se le diagnosticó cirrosis y enfisema pulmonar, esto a pesar no tener vicios, esos padecimientos lo tienen en reposo permanente y  a la espera de tratamiento.

Entre su descendencia  su hijo Víctor es el único que  sigue ligado al mundo de las bicicletas,  pasión que heredó de su padre,  actualmente labora en Ciclo La Bici.

El viejo  taller de don Julio aún permanece casi intacto en el corredor de su casa, algunos viejos repuestos se regalaron como chatarra a la Asociación Obras del Espíritu Santo, pero el amor de este noble belemita aún vive en alguna bicicleta que hoy sirve de diversión para los más chicos.

Si desea ayudar a la familia de don Julio puede llamar al  60-03-19-14, con María   

 

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